Embarazo y práctica de yoga y asana: Mi experiencia personal.

Pensé que tal vez me daría tiempo a completar el tercer año de mi Formación de Hatha Yoga, pero mi embarazo llegó antes de lo que imaginaba. Cuando a finales del mes de julio de 2018 supe que estaba embarazada, pese a ser algo que habíamos planeado y deseado, sentí miedo ante la real y pronta materialización de nuestra intención. 
¿Cuáles serían las renuncias que conllevaría la gestación? 
Me invadió una sensación de vértigo ante la inminencia de cambios. Me inquietaba la incertidumbre respecto a cuáles serían estos en mi cuerpo, en mi trabajo como profesora de yoga y danza, el cual amo y llena de sentido mi día a día, y en mi sadhana o práctica personal de yoga, de la cual me hallaba en un momento esplendoroso.

La maternidad era un anhelo o tendencia que naturalmente se manifestaba en mí. Frente a una gran incertidumbre, lo único que veía con cierta claridad era que no habría querido volver la vista atrás al cabo de los años y ver que el apego a mi vida, a mi rutina o a mis proyectos me habían apartado de la experiencia, de algún modo dharmica o vocacional, de ser madre.
La intrepidez con la que había emprendido mis sueños en otros momentos me parecía una futilidad en comparación con la valentía que se reclamaba de mí en estos instantes: un desapegado coraje para decir sí a la vida, lanzarme a ella cual río y fluir sin resistirme a sus tiempos, a sus planes, a su devenir; dejando marchar lo que ha de marchar, dejando venir lo que ha de venir. Un cierto autodescentramiento o cese en la pretensión de ser yo quien impone a la vida, y rendición a ella cual verdadera maestra que es.

La tesitura en la que me hallaba me hizo darme cuenta del aferramiento que había desarrollado a la práctica de asana. Recordé la parábola de la balsa de Buda y me vi a mí misma lastrada, portando una pesada balsa sobre mis hombros. La maternidad se presentaba como una oportunidad para practicar un yoga un poco más maduro, el del amor, la confianza, la entrega, la sensibilidad, la aceptación, la escucha, el desapego. Me abrí a la experiencia de adaptar mi sadhana cada día al cambio constante de la vida, un cambio que se hacía ahora manifiestamente palpable con el embarazo. Pronto tuve que dejar marchar río abajo los progresos en asanas complejas como parsva bakasana, eka pada koundinyasana, en saltos, torsiones profundas o en ejercicios como rajas uddiyana bandhasana o nauli, a lo que poco a poco iba restando importancia ¡Ya las retomaría más adelante o incluso comenzaría de cero! Empecé a sentir el yoga verdaderamente como el eterno camino que es, y la ilusoriedad de cualquier conquista dentro del mismo.

Pregunté a mi matrona, recurrí a apuntes, libros y sitios web para consultar contraindicaciones y consejos para la práctica de yoga en los distintos trimestres del embarazo, y sobretodo tomé la propia escucha e instinto como referencia principal.
El requerido reajuste constante a los cambios del cuerpo refrescaba mi atención y presencia. Mi respiración era diferente, también mi ritmo cardíaco y mi peso corporal. Comenzaba a percibir el acceso a la musculatura abdominal limitado, y ello me hizo recurrir mucho más al trabajo de mula bandha para la alineación. ¡Era como practicar con un cuerpo distinto! Jugaba con mis nuevas medidas, variando la separación de mis piernas y colocación de mis manos en Surya Namaskar. En mi nuevo paschimottanasana la flexión hacia delante era menos intensa, sin embargo me sumergía en otros aspectos del asana como el estiramiento de mis isquiotibiales, las sutilezas de la colocación de mis pies y sus dedos, la rotación hacia atrás de mis isquiones y la elongación de mi columna vertebral. Algunos días me sentía un poco más fatigada e introducía pequeños savasana durante la práctica o alternaba las asanas más exigentes con otras que me servían de descansos activos. Otros días sentía mi capacidad respiratoria mermada en asanas invertidas como halasana o sarvangasana; en su lugar introducía setu bandha sarvangasana, urdhva prasarita padasana o Viparita Karani. Comencé a realizar variados movimientos y posiciones con mis brazos, descubriendo el amplio rango de movilidad de mis hombros.
La confianza en la sabiduría de mi cuerpo me hacía sentir especialmente creativa y libre para el trazado de nuevas rutas, variantes y posibilidades.

Descubrí la enorme riqueza de algunos asanas que había subestimado por su aparente simplicidad. 
Desperté a la belleza de practicar lento, con menos enlaces o vinyasa.
Aprendí que suavidad no está reñida con profundidad; que una práctica suave y amable puede llevarte a una inimaginable profundidad en matices y sutilezas.
Lo que el asana brinda no es en sí el logro de la misma pues, como toda conquista, acabará por escurrirse cual agua entre los dedos, sino aquello que sucede al vivirla como eterno proceso: la autodisciplina, la aceptación y el amor a lo que es; el autoconocimiento, la neutralización de los samskaras mediante la observación y no reacción, el discernimiento entre lo real y lo ilusorio, o el cultivo de virtudes como la paciencia, la honestidad o la humildad a las que la vida y sus vicisitudes nos abocan irremediablemente. Lo contrario es convertir asana en un vulgar objeto más al servicio del ego, y eso definitivamente no puede significar yoga.

La vida explosiona
cuando permites que sea,
te rindes a su sabia voluntad
cesando en las ingenuas pretensiones de control. 





Glosario de términos:
Asana: Postura corporal.
Dharmica: que se ajusta al dharma, entendido como "lo que sostiene el orden cósmico"; aquellas acciones virtuosas, correctas, que se ajustan al sentido del deber por contribuir a dicha armonía universal. 
Eka pada koundinyasana: Postura de fuerza y de equilibrio sobre los brazos.
Halasana: Postura del arado. 
Mula bandha: Práctica yóguica con efectos orgánicos y energéticos que se realiza por la contracción o suave succión hacia arriba del esfinter anal y el tracto urogenital o suelo pélvico.
Nauli: Técnica de movilización de la musculatura abdominal que tiene efectos orgánicos y energéticos.
Parsva bakasana: Variante lateral de la grulla, postura de fuerza y equilibrio sobre brazos.
Paschimottanasana: Postura de flexión hacia delante, conocida como la postura de la pinza sentada.
Rajas uddiyana bandhasana: Técnica de movilización de la musculatura abdominal que tiene efectos orgánicos y energéticos.
Setu bandha sarvangasana: Postura del puente.
Sadhana: Práctica constante y regular con un objetivo espiritual.
Salamba sarvangasana: Postura de la vela.
Samskaras: Impresiones latentes, tendencias, creencias, patrones, hábitos o surcos de la mente. Cuando son negativos nos limitan y condicionan desfavorablemente. La observación nos permite hacerlos conscientes y neutralizarlos fomentando los opuestos positivos.
Savasana: Postura del cadáver. Postura de relajación sobre la espalda. 
Surya namaskar: Saludo al sol. Una de las prácticas fundamentales del Hatha Yoga en la que se enlazan distintas posturas y se coordinan con la respiración.
Udhva prasarita padasana: Postura de levantamiento de piernas extendidas.
Vinyasa: Método característico de los estilos dinámicos de yoga, en los que los asanas se enlazan entre sí, sincronizándolos con la respiración.
Viparita karani: Postura invertida.


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